VA DE CUENTOS.

 VA DE CUENTOS







La tortuga Elisa nació en una comunidad de tortugas muy peculiar, las más jóvenes se habían convertido en tortugas de carreras. Hacían competiciones entre ellas, a modo de entrenamiento para ganar velocidad cada día por que entre ellas vivía un chico tortuga valiente y entregado a la velocidad que desde pequeño sentía dentro de él el impulso de ganar velocidad. No le gustaba ser tan lento, y se propuso ser muy muy rápido. Así que decidió dedicarse profesionalmente a difundir su pasión entre los más jóvenes de su comunidad.

El entrenador las motivaba con frases alentadoras del tipo "tu puedes con todo esto", vamos... vamos... hay que correr más.." ponte a prueba, supera tus límites" .. y así un día tras otro preparándose para la carrera de final de año.

Lo cierto es que Elisa se esforzaba y se le había grabado en su cabeza de tortuga " vamos, Elisa, tu puedes correr más"  hasta que se lo creyó tanto que practicaba fuera del horario de entrenamiento, corría para ir a al escuela, para ir a comer... todo lo que podía y siempre diciéndose " puedo correr más".

Llegó el día de la carrera, y claro, con tanta práctica y entrenamiento y con su "puedo correr más" Elisa ganó la carrera.  La aplaudieron tanto que hasta se sonrojó y se motivó para presentarse a la carrera que las liebres habían organizado para la semana siguiente en un pueblo cercano al suyo.

Elisa dejó todo y se dedicó a correr más, correr, correr, todo lo que podía. Creyó estar preparada para la carrera de liebres, así que triunfante, se sentía orgullosa de sus logros ante la meta de salida junto a las liebres. 


Disparo de salida! 

Elisa arranca a correr con todas sus fuerzas, "puedo correr más" y siguió esforzándose al máximo, convencida de que llegará al podio de honor. 

Pero nada más lejos de la realidad, todas las liebres le pasaron de largo, mirándola algunas con cara de sorpresa, otras con cada de indiferencia, otras con superioridad.... y cuando llegó a la meta, Elisa estaba exhausta y confundida. 

La carrera había terminado hacía ya un buen rato, y las liebres estaban tranquilas comiendo hierba en el prado, contentas y felices. Elisa, discretamente se acercó a la entrenadora de liebres.

_Perdone, entrenadora. ¿Puede explicarme que ha pasado? He entrenado muy duro, gané la carera de tortugas por que yo se que puedo correr más. 

La entrenadora les responde, con calma y tranquilidad

- Bueno, Elisa, eres una tortuga, corres muy rápido y se nota tu entrenamiento, tienes muy buena técnica. 

_ Y, entonces que ha pasado me siento fatigada, frustrada y he llegado la última con diferencia. 

-Claro, querida Elisa. Eres una tortuga, no una liebre. Nuestra naturaleza es distinta.


Elisa no entendía nada y decidió tomarse un tiempo de meditación. 

Entró en su caparazón, respiró profundamente durante mucho rato y los pensamientos iban y venían, desorganizados. Se sentía confundida y enfadada, también un poco triste y avergonzada. ¿Por qué me ha pasado esto a mí, he hecho todo lo que el entrenador me decía?

Recordaba las frases del entrenador: "tu puedes con todo esto", vamos... vamos... hay que correr más.." ponte a prueba, supera tus límites" 

En ese espacio de calma se acordó también de lo que le decía su abuela: Elisa, ¿estás segura que quieres correr tanto? o su padre: Y si ganas la carrera, qué harás después?. O su hermano; Elisa, ¿de verdad te gusta tanto correr?

También se dio cuenta de que sólo le había hacho caso al entrenador.

Siguió respirando  en su caparazón hasta que de quedó dormida. A la mañana siguiente, al sacar la cabecita ya se sentía más segura de lo que quería hacer. 



Querido abuelo,

Hace ya muchos años que no estás con nosotros, pero aún te siento tan cerca. Siempre me dijiste cuando pequeño que en la familia no tenemos talento para la música. Me dijiste que ni probaría ya que estaba destinado a fallar. Mis padres nunca aceptaron que tocaba algún instrumento. No sé que te pasó para que pensarás así, querido abuelo … ¿Quizás simplemente te pasarán a ti la creencia tal como has hecho con mi padre y conmigo? … en todo caso he decidido devolverte hoy tu creencia.

Mañana apuntaré mi hijo a clase de guitarra. Ayer cuando me lo pidió, estaba al punto de decirlo que no tenía talento para la música … pero su mirada llena de ilusión me hizo cambiar de idea. ¿Y sabes qué? También yo me voy a apuntar para clases de guitarra. Quiero descubrir yo mismo si tengo talento para la música.

Solamente te querría decir esto, abuelo. Un abrazo!



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